ACERCA DE LA COLUMNA DE ALEJANDRA AZCARATE

Un escrito como el de Alejandra Azcarate, en una revista de circulación femenina como es "Aló", tiene implicaciones que ella claramente no dimensiona, y curiosamente su editora tampoco.

Su responsabilidad va mucho mas allá de la ofensa de la cual se retracta. El problema de fondo es la exaltación de la delgadez y la satanización de los kilos de más, que en esencia facilitan que la gente tienda a hacer DIETA. Esto, como veremos, puede tener consecuencias graves en la salud de quien las hace.

Las dietas son necesarias en muchas ocasiones. Frente a enfermedades que así lo requieren, como por ejemplo la diabetes o la hipertensión, y cuando el exceso de peso atenta contra la salud, se hacen necesarias. En estos casos es clave que la dieta se haga supervisada por una nutricionista u otro especialista en el tema, con el fin de facilitar una alimentación sana, que incluya TODOS los grupos de alimentos de forma balanceada. Aun así, la dieta podría desencadenar un trastorno de la conducta alimentaria, pero al estar monitoreada, el riesgo es menor.
El problema aparece cuando una persona inicia una dieta que en la mayoría de los casos no necesita y, al experimentar la sensación de control que esto le produce, no puede parar de hacerla.

Aquí aparece el tema de la percepción de la imagen corporal. El 97% de la población está insatisfecha con el cuerpo que tiene, esto se conoce como insatisfacción corporal, y un porcentaje más pequeño tiene una representación de su cuerpo que no coincide con el cuerpo que tiene. Es decir, lo ve más grande de lo que realmente es, o mas pequeño de lo que es. Este fenómeno es el de la distorsión de la imagen corporal.
En presencia de estos fenómenos, la insatisfacción y/o la distorsión de la imagen corporal, y dentro de una cultura que marca el cuerpo como elemento central de la vida de las personas, la posibilidad de hacer una dieta aumenta, y si quien hace dieta tiene las características genéticas y de personalidad vulnerables o propicias para hacer este tipo de trastornos, en la medida en la que haga una dieta estricta, no monitoreada, aumenta la probabilidad de que se enferme.

Los medios de comunicación, juegan en este sentido un papel muy clave. No de ser causantes de este tipo de enfermedades, pero sí de ser los gatillos que disparan su aparición, al señalar la importancia de un tipo específico de cuerpo (delgado, joven, bello) como prerrequisito para el éxito y el reconocimiento. El escrito de la revista aló, hace exactamente eso: Señala con horror los kilos de más.

En Colombia tenemos cifras preocupantes de Trastornos de la conducta alimentaria, (Anorexia nerviosa, Bulimia nerviosa), cifras similares a las que presentan otros países del mundo. La anorexia afecta al 0.8% de la población, la bulimia al 3.5% y los casos incompletos llegan la 30% aproximadamente. Estas son enfermedades mortales, muy complejas.

Hoy tenemos muy claros que las causas de estos trastornos son varias y de diversa complejidad pero indudablemente el factor que los desencadena es una DIETA.

Es por eso que un escrito del tipo de la columna de Alejandra Azcárate resulta tan preocupante e irresponsable. Y la forma en la que pide perdón, aún más porque, al hacerlo, insiste en lo terrible de tener unos kilos de más.

La delgadez tiende a ser vista hoy como sinónimo de éxito y reconocimiento y, cuando una persona que tiene cierto éxito refuerza esta noción, está siendo un modelo de comportamiento para muchos hombres y mujeres que se van convenciendo de que éste es el ingrediente esencial para lograrlo. Claramente hay flacos y bellos exitosos, pero no todos los hombres y las mujeres exitosos cumplen este criterio. Es decir no hay una relación directa entre el éxito de las personas y su delgadez.

Obviamente que el sobrepeso y la obesidad son un problema de salud pública, y deben ser combatidos, tanto como los trastornos de la conducta alimenticia. Las personas que padecen un trastorno de la conducta alimentaria, incurren en comportamientos que pueden ser igual o mayor de riesgosos que la misma obesidad, llevando a la muerte hasta a un 10% de las personas que los padecen.

La evidencia disponible, nos muestra que en realidad no podemos tener el cuerpo que queramos, sino aquel que nuestras características genéticas y nuestros hábitos de alimentación y de ejercicio nos permitan. Ese es el concepto de cuerpo natural. Por lo tanto, la diversidad en el tamaño y la forma del cuerpo es la norma. En la medida en la cual podamos entender y transmitir esta noción, podremos aceptar el cuerpo que tenemos y verlo como una parte más de todo aquello que nos hace personas integrales, llenas de posibilidades para desarrollarnos.
El punto central está entonces alrededor de la formación de una auto estima centrada en la integralidad de la persona, más que en cuánto pesa o qué tan delgado se es. En la aceptación y el cuidado del cuerpo que tenemos, del que podemos tener.